Fue en el 2004, vivía en Italia y  mi médico homeópata, me comentó que había un curso de Flores de Bach y que quizás me podría interesar, para aprender a usarlas con mi familia. Yo acababa de tener a mi segundo hijo y me pareció muy interesante por eso de los cólicos, los dientes, las caídas....

Durante ese curso pasó algo que cambiaría mi concepto del "síntoma" y de la "enfermedad" y que me llevaría a una nueva Conciencia.

Como ya he dicho mi hijo era bebé y aún le daba el pecho. El curso se hacía a 10km de casa y mi marido me traía el niño para que lo amamantara. En una de éstas, Gio empezó a vomitar y no quería el pecho.

La facilitadora del curso me comentó que podía hacer algo por él y, claro está, pensé que tendría que ver al pequeño. Sin embargo no fue así. Usó el test muscular kinesiológico sobre mí, para saber qué le estaba pasando a Gio, qué flores necesitaba, en qué parte del cuerpo tenía que ponérselas (¡ni siquiera tenía que dárselas por boca!). El niño dejó de vomitar y por la noche volvía a tomar el pecho. Pero no acabó ahí...la profe pudo testar cuales eran las emociones relacionadas con las flores y descubrir que mi ansiedad por amamantarlo y mi sentimiento de culpa por estar separada de él, habían hecho que le proporcionara más leche de lo normal y eso había colapsado su hígado.

Todo esto duró diez minutos...que cambiaron para siempre, no solo el concepto de "enfermedad" sino mi visión de la Vida en general.

Atraída y curiosa por lo que había experimentado durante aquel curso, empecé a estudiar Kinesiología en Roma, según la Three in One Concepts de California. Pero para alguien con tanta curiosidad, no podía acabar la cosa así y continué mi formación en Kinesiología Emocional en Ismet, Barcelona. 

Durante este período descubrí muchas disciplinas terapúticas interesantes, pero quizás las que más me llamaban la atención eran la Epigenética de Bruce Lipton y los trabajos sobre la genética sutil de Soleika Llop y de Aird Kishori.

Ha llovido mucho desde aquel acontecimiento de 2004, y puedo decir que mi trabajo como kinesióloga se ha enriquecido enormemente a través de la experiencia. Aún así sigo investigando y estudiando, convencida de las grandes capacidades que tenemos los seres humanos para activar todos los recursos de los que estamos dotados, para participar activamente en nuestros de procesos sanación, en la propia prevención y, por su puesto, en el desarrollo de los talentos que todos poseemos.

María Palma




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